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miércoles, 19 de marzo de 2014

LA HUMANIDAD Y EL PLANETA TIERRA | LAS MARAVILLAS DE LA NATURALEZA


El deber de cuidar nuestro ambiente es sólo nuestro. La humanidad debe comprender que somos parte de un ecosistema repleto de vida, y que todo ser vivo es imprescindible en el planeta.
 



Naturaleza

LAS VERDADERAS MARAVILLAS DE ESTE MUNDO SON LOS PRODIGIOS DE LA NATURALEZA

Desde que los humanos existen se han gloriado de las maravillas creadas en este mundo por ellos. Siete había en la antigüedad clásica. Hoy su número se ha multiplicado, aunque no haya una escala de juicio infalible.

Unos años a.C. escribía Sófocles (poeta trágico de la Antigua Grecia) en su eximia tragedia "Antígona" una frase no muy atinada "Hay muchas cosas poderosas, pero ninguna tanto como el hombre". Desde entonces han pasado casi dos milenios y medio. El hombre (escudándose en una exhortación bíblica, pero acuciado sobre todo por su vanidad y soberbia) ha avasallado la Tierra.

Ha descubierto la naturaleza, tanto animada como inanimada y desvelado los insospechados secretos del viento y el mar, de las nubes, las radiaciones y las ondas, de las corrientes y los volcanes, de los saltos de agua y la presión atmosférica. 

Pero cuanto más se ha adentrado en las leyes que la naturaleza se había dado a sí misma, tanto más se ha convertido en destructor de ella. Talas masivas del arbolado han convertido comarcas en otro tiempo florecientes en desiertos o desolados predegales. 

Los monocultivos de la agricultura moderna, al dejar de lado el juicioso sistema antiguo de cultivo rotatorio, han demostrado ser a fin de cuentas una expoliación del suelo y una violación de la naturaleza.

La creciente explosión demográfica ha obligado sin cesar a convertir en "aprovechables" más y más superficies de terreno del planeta. Se ha procedido a desecar zonas pantanosas y a canalizar ríos, con lo que las orillas pintorescas han pasado a convertirse en curiosidades rarísimas. El equilibrio ecológico de la naturaleza ha sido seriamente dañado.


Naturaleza Azul


GRANDES POETAS Y FILÓSOFOS HABLAN DE LA RELACIÓN DEL HOMBRE Y LA NATURALEZA

Porque también se engañó Horacio (poeta lírico y satírico), el gran poeta romano, al escribir en sus epístolas: "Por más que pongas tu empeño en barrer la Naturaleza, ella vuelve siempre". Ni Sófocles (poeta), en su cita anterior, ni Horacio en ésta pudieron imaginar jamás qué grado de violencia iba a emplear el hombre en su afán de adueñarse de la Tierra.

A fines ya del II milenio después de Jesucristo, conceptos como el de la "protección de la naturaleza" y el de un "mundo saneado" se han convertido incluso en slogans políticos. 

Asimismo experimenta una especie de resurrección la decimonónica consigna de Rousseau (escritor, filósofo, botánico, músico y naturalista) del "regreso a la naturaleza": el hombre de hoy día, dotado aún de un poco de sensibilidad, se lanza en sus vacaciones en busca de ambientes regeneradores, ecológicamente intactos: ya sea una playa limpia y solitaria, un bosque mixto natural o un apartado e idílico valle de montaña. Si los encuentra o no, es asunto secundario.

Pero el hecho de que todavía busque, siquiera con su instinto de ser natural, un mundo sano y "hecho a su medida", nos indica sin temor a duda que sigue siendo un animal llamado a vivir de acuerdo con la naturaleza: el hombre civilizado se ha vuelto mucho más humilde en sus pretensiones de imponérsele.

Siempre es un consuelo que la "civilización" no lo sea ya todo para nosotros. Pero la discrepancia planteada entre nuestro objetivo supremo del confort, con el coche y la calefacción, la energía nuclear y los reactores y el sempiterno sueño de la naturaleza virgen, parece no ofrecer solución.


Volcanes


LAS MARAVILLAS DE LA NATURALEZA. UNA CREACIÓN DE DIOS PADRE

Existen todavía maravillas naturales. Pero no se las coquista con botas de siete leguas. La mayoría de ellas siguen siendo inasequibles al turista viajero. Los mejores fotógrafos del mundo las han capturado: japoneses, alemanes, suizos, americanos, franceses, ingleses e italianos. 

Unos y otros se han pasado años buscándolas por los cinco continentes, desde el Ártico al Antártico. Por las cimas de las montañas más altas y las profundidades de los océanos. En la arcana oscuridad de cavernas gigantescas y al borde de cráteres de los que brotan al cielo vapores ardientes. En el hálito caliginoso y espejeante de los desiertos y e los dominios de las nieves perpetuas.

Y les han salido al encuentro huellas de vida incluso donde sólo cabría contar con la muerte, la soledad y un silencio eterno; porque no hay ninguna maravilla de la naturaleza que no sea el mismo tiempo testimonio del prodigio de la vida, siquiera en sus formas más primitivas. 

La naturaleza nunca es cruel en el sentido de destruir la vida y acabar con ella (afirmación que, desde luego, sólo podremos entender si la medimos con los compases de la geología, y no desde nuestra pobre perspectiva humana). Porque el hombre no es, aunque lo ha pretendido y suele pretenderlo todavía, la medida de todas las cosas.

Siempre que contemplemos las fascinantes imágenes que se pueden encontrar en la naturaleza, se nos devolverán los límites del tiempo y el espacio. Y la misma naturaleza nos saldrá al encuentro siempre actual, con esa pureza y poder telúricos que hicieron exclamar el autor del Génesis: "Y contempló Dios toda su obra y ésta estaba muy bien".

Copyright © Maravillas de la Naturaleza | Tomus Verlag GmbH / Foto Por Cortesía: Clipart
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